19 agosto 2013

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Hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado..., ¡hoy creo en Dios!

(Rima xvii Becker)

Cuando el Documento “Civilización del Amor, tarea y esperanza”[1] trata el tema del “análisis” de la realidad juvenil lo hace utilizando un lenguaje bastante iluminador para los educadores y formadores de jóvenes. Un lenguaje que lastimosamente ha quedado en el olvido al igual que el Documento mismo[2].

Rescatar ese lenguaje me mueve a escribir las siguientes líneas.

1. Otra forma hay de mirar.


En la sección segunda de la primera parte el Documento muy humildemente afirma:

Hoy día, ya no es posible hablar muy simplemente de “la juventud”, porque es casi imposible abarcar el amplísimo marco de realidad y las variadísimas situaciones en que viven los jóvenes, según sean sus raíces y orígenes étnicos, sus influencias culturales y las condiciones políticas, sociales y económicas en las que les toca vivir. Es necesario admitir que conocer y comprender el mundo juvenil no es tarea fácil.”[3]

Frente a esta primera imposibilidad de precisión sobre “qué debe entenderse por joven y juventud” continua diciendo:

“Muchas miradasse dirigen sobre ellos (los jóvenes). Aunque se trata de intentos parciales de acercamiento a su realidad, resultan útiles en la medida en que permiten hacer mayores delimitaciones y precisiones. En todo caso, se trata de miradas que no pretenden ser exhaustivas.”[4]

Con el término “miradas” los redactores del Documento parecen comprender a cabalidad sobre la “realidad-juvenil” aquello que Aristóteles mucho siglos antes había comprendido con respecto de los entes:

“Que la cosa primero se-muestra al observador (habla de sí misma), para luego poder ser de-mostrada a través del razonamiento lógico del observador.”

Con esto, “el Filósofo” quería indicar que nuestra concepción sobre las cosas no es el resultado de una mera fabulación del razonamiento; existe, por lo tanto, un momento intermedio  de silencio entre el mostrase y demostrar, en el cual la cosa observada afectando los sentidos de su observador se le hace presente -actual diría Aristóteles-,  para luego, en acto segundo,  con ayuda del silogismo, pueda ser explicada.

Nuestro Documento dirá lo mismo de forma más poética:

 Hay que educar la mirada para descubrir el don de Dios, experimentar su llamado a ser acogidos y amados y a encarnarse en el mundo de los jóvenes por la solidaridad humana y evangélica y por el contacto directo que permite ver, oír y emocionarse con sus vidas y con sus signos, con sus sensibilidades, con sus sentidos. Conocer la realidad de los jóvenes desde la perspectiva de Jesús exige establecer una relación de intimidad, dialogar e interactuar con ellos. Sólo así será posible” experimentar -“conocer”- sus necesidades reales y percibir sus verdaderos gozos y amarguras.”[5]

Por lo tanto, “Mirar” no significa ser mero espectador de un evento. Es ese momento de silencio respetuoso en el cual permito que la realidad “me afecte”, y solo desde esa afectación comprenderla mejor. Este es el lenguaje que quiero rescatar: El lenguaje del “Mirar.”

2. El cristiano del mañana será un místico, o no será. (Karl Rahner)


Para lograr semejante empresa - de educar la mirada o mirar mejor - es precisa la actitud del místico. Aquella que antes de realizar cualquier “acto movido desde y dirigido hacia el exterior”, queda “experimentándose a sí mismo y su unicidad con el mundo”, como afirma Fromm, “en la más elevada  de las actividades”: Contemplando.[6]

¿Qué es contemplar? Xavier Guix, columnista del periódico español El País, escribe un artículo donde nos lo aclara muy bien. Cito su texto resaltando elementos que son consonante con la reflexión que estamos realizando:

“El filósofo y místico Raimon Panikkar decía que todo lo que somos capaces de conocer no es el conocimiento último. No es suficiente con ver, e incluso con mirar concienzudamente para conocer. Hay una aprehensión de la realidad que pertenece solo al rango de la contemplación.Es la verdad intuida, revelada, descubierta a través de los ojos que miran hacia dentro.
Es un error limitar la contemplación a una forma superior de vida religiosa. La contemplación es una actitud que nos acerca a ser aquello que contemplamos. No es un proceso, una etapa. No tiene intención complementaria. Sencillamente sucede cuando dejamos de ser, cuando abandonamos las dimensiones espacio-tiempo para convertirnos en lo contemplado y descubrir así su esencialidad.
En nuestra escala evolutiva, la contemplación es el nivel que nos acerca a las realidades últimas, las más profundas y verdaderas. Las descubrimos en el silencio interior, en la cesación de todo intento de entender las cosas, a los demás y a nosotros mismos. Callamos para escuchar nuestra verdad interior. Tal vez por eso hay tanta gente que no calla nunca; por eso vivimos en sociedades tan ruidosas; por eso nuestra mente no para. El silencio asusta porque tememos encontrarnos interiormente. Pero eso solo puede suceder si hay juicio. En la contemplación, solo hay verdad.
… Al final necesitamos ese ejercicio contemplativo que nos lleve más allá de nuestras memorias. Ser capaces de intuir nuestras motivaciones profundas, también nuestras visiones erróneas. Lo que nos hace profundamente humanos es contemplar la certeza que se esconde detrás de lo que creemos ser. Para ello hace falta una conciencia evolucionada. De lo contrario, como antaño, sería suficiente con ver e ir pasando mientras no haya peligro. Querer vivir es mirar la vida cara a cara y, contemplándola, descubrirnos a nosotros mismos[7]”.

Desde esta perspectiva podemos comprender el  Mirar -momento de silencio frente a la realidad- como contemplación.
  

3. El grado sumo del saber es contemplar el porqué (Sócrates.)


“Para conocer la realidad hay que ir a la realidad misma”, decía Zubiri. Pero no para  “analizarla” fríamente como un científico que encierra sus descubrimientos en cálculos, teorías o sistemas…  sino para contemplarla, tal y como planteábamos en la sección anterior.

Los jóvenes –en tanto que realidad- no deben ser analizados(separar-en-partes), para luego hacer síntesis (unir-las-partes) como objetos de cualquier laboratorio. Deben ser “contemplados” como personas en búsqueda de una identidad en un mundo complejo que guiado por el materialismo, el consumismo, el hedonismo, la violencia… ha trastocado el sistema de valores que impide que las nuevas generaciones se vean a sí mismas con esperanza, sin importar el estrato social al que pertenezcan.

Al contemplar se permite que el otro se muestre. Se puede conocer a ese que se me muestra. Solo se puede amar al que se me ha dado a conocer, y el amor no hace juicos; acompaña, realiza signos de vida que se constituyen en posibilidades, en oportunidades  que superan los signos de muerte, de lo viejo, de la no-vida.[8]

Por el contrario, muchos de los proyectos educativos estatales no han hecho el ejercicio del contemplar, para conocer y amar…han servido únicamente para mantener –imponer–   el sistema  económico al que sirven. No  generan verdaderos proyectos que provoquen vida y vida en abundancia (Jn 10,10).

La escuela, muchas veces, ha limitado su acción  a la calificación, como sistema de control de calidad; a la asignación de una nota que estandariza, que etiqueta, que clasifica y excluye; que genera clases  y separa a  los más aventajados como los “buenos” y a los menos como “los que hay que desechar.” La escuela ya no es el lugar donde se gesta a los hombres y mujeres liberados y liberadores; críticos y utópicos; hombres  y mujeres con valores y en búsqueda constante de la verdad y luchadores por la justicia.

 4. Y mirándole… le amó.


Con todo lo expuesto quiero recalcar que el lenguaje del “mirar-contemplar” no es solo un juego de palabras que quiere caer en lo verborréico, o en la matización falsa de términos, o en el mero juego semántico. Ya he expresado supra cómo en la filosofía  aristotélica había  un interés primero en el dejar que el ente se mostrara así mismo frente su observador antes de que éste emitiera cualquier intento de definición. Sabiendo que la definición será inevitable, porque el ser humano necesita nombrar para aprehender; pero con la certeza de que ese nombre es limitado, y solo un modo humilde de acercamiento.

Esto que hemos encontrado en la filosofía, podemos encontrarlo con el mismo modo de proceder en expresiones de la teología latinoamericana. Cuando Gustavo Gutiérrez, en su libro “Teología de la liberación, perspectivas”,  plantea su definición de teología desde el contexto latinoamericano dice: “la teología es el acto segundo, la segunda palabra, ya que la palabra primera la tiene la praxis histórica de liberación de los pueblos.”[9]Es decir, que según Gutiérrez, toda aquella reflexión que quiera llamarse teología debe en primer lugar guardar primero silencio frente a la acción que los pobres hacen por liberarse de la explotación. Devolverles la palabra, permitirles ser eso que precisamente les han arrebatado: su ser.

Pero yendo más allá en el dato de fe, podemos encontrar el lenguaje del “Mirar” en un texto del evangelio de Marcos 10.17-22

“Cuando se puso en camino, llegó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó: -Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar vida eterna?”
Jesús le respondió: - ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sólo Dios.”
Conoces los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no perjurarás, no defraudarás, honra a tu padre y a tu madre.
Él le contestó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud.”
Jesús fijando en él su mirada le amó y le dijo: - Una cosa te falta: anda, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme. A estas palabras, frunció el seño y se marchó triste; pues era muy rico.”    

 El ritmo del relato  aunque escueto y soso marca una línea clara y contundente:

Alguien llega frente a Jesús y le aborda exponiéndole su vida, aunque con ciertas reservas, con las máscaras muy humanas del orgullo: “Maestro bueno ¿Qué debo hacer para ir al cielo?” sería las frase más clara para nosotros. “¿Qué debo hacer para no esforzarme tanto, para que dando lo mínimo pueda vivir más o menos, para no tener tanta responsabilidad y al final terminar bien?”  Serían las palabras más exactas de muchos de nuestros jóvenes.

 “¿Porqué me llamas bueno? Solo Dios es bueno. Y si cumples las normas te irá bien” Responde Jesús como no queriendo parecer más listo que su interlocutor,   y contestándole eso que este hombre se ha repetido a  sí mismo toda su vida: “que al cumplir cierto código legal él es tan bueno como Dios. Y con eso basta, por lo menos así lo ha creído.”

Pero esa respuesta no le satisface, quiere escuchar algo más, algo que por fin le dé a su vida el sentido que tanto ha buscado.

Es entonces cuando este hombre se muestra tal cual es, sin máscaras ni reservas… pero antes de que Jesús dijese nada, el texto aclara: “mirándole le amó”.

Encontramos el esquema que hemos venido rastreando:  mirar - amar.

Antes de cualquier juicio de valor sobre lo creemos que pasa en la cabeza y el corazón de nuestros jóvenes hay que “mirarlos”, esto no significa mera observación científica, auscultar o investigar… sino contemplar para “en-tender”, para conocer y conocer para amar. Y cuando se ama, no se hacen juicios acusativos, o descripciones limitadas y dogmáticas… cuando se ama se actúa buscando el bien mayor para el ser amado. Se trazan caminos de acompañamiento y se proponen directrices por donde caminar mejor.

Frente a las propuestas que nacen de la contemplación solo quedan dos opciones:
  • Iniciar ese camino, o
  • Como el hombre del pasaje: fruncir el seño, yéndose triste, porque no hay espacio para liberarse. 




[1]Documento del CELAM No. 161. Bogotá 2001
[2] Al momento de escribir estas líneas todavía no era público el nuevo documento nacido en la última reunión latinoamericana de PJ.
[3] Documento del CELAM No. 161. Bogotá 2001, pág 28
[4]ibídem
[5] Ibid pág 15
[6]Fromm, E, “ El arte de amar” Padios,1959, pág 17-18
[7] http://elpais.com/diario/2011/12/11/eps/1323588413_850215.html
[8] cfr. Ibid pág 16
[9] Cfr. Gutiérrez G., Teología de la Liberación. Perspectivas, Salamanca 1972
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15 agosto 2013

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Una asignatura pendiente: Humanizar.

Estoy estudiando un Diplomado sobre "Gestión y Creación de Ambientes Virtuales de Aprendizaje. Estamos analizando "Los Aspectos Negativos y Positivos del e-learning". Quiero compartir mi último trabajo, sabiendo que en mis reflexiones se me es imposible dejar de lado que soy: humano, cristiano y teólogo.

           
La sociedad quizás no había sufrido tantos cambios y tan vertiginosos como los acontecidos desde finales del siglos XIX hasta la fecha. Las revoluciones francesa e industrial no tenían idea que estaban gestando verdaderamente un “nuevo orden mundial.” El posterior descubrimiento y desarrollo de las tecnologías de la Comunicación y la Información han contribuido sobremanera a ello. Estas TIC´s han revolucionado la manera de comprensión y relación de todos lo aspectos sociales. La educación no ha escapado a esta revolución.

            La forma tradicional de comprensión de la educación: donde el acto didáctico se desarrolla en un espacio físico concreto (aula), con actores concretos (Docente-alumnos) y con mediaciones concretas (pizarras, cuadernos…) está paulatinamente mudando hacia lo que hoy los expertos han denominado con el anglicismo: e-learning.

            El e-learning es definido como: el aprendizajecompletamente virtualizado a través de los nuevos canales electrónicos (las nuevas redes de comunicación, en especial Internet), utilizando para ello herramientas o aplicaciones de hipertexto como soporte de los procesos de enseñanza-aprendizaje.[1]

            En los últimos años esta modalidad educativa ha tomado mucho auge, y su utilización, sobre todo, en la Educación superior y en la capacitación empresarial va en aumento según afirma el Primer Barómetro de E-learning en Europa: “una cantidad cada vez mayor de empleados realizará cursos en e-Learning a partir de 2012... Y no solo hablamos de la empresa privada: universidades, Administración Pública, organizaciones y profesionales a nivel particular confían cada vez más en este tipo de formación[2].

            Pero, frente a este nuevo enfoque pedagógico surgen interrogantes, defensores y detractores… plasmo a continuación una serie de ventajas y desventajas[3]que pueden leerse circulando en la red, dejo para el final de estas líneas un reflexión personal:

Ventajas:
       Socialización de la información que se está estudiando
       Evidencia de los aportes, trabajos y/o evaluaciones  
       Herramientas pedagógicas y académicas que facilitan los procesos de aprendizaje
       Menor inversión
       Flexibilidad de horario
       Rompe la barrera de la distancia
       Mayor flexibilidad
       Reducción de los tiempos de aprendizaje.
       Aumento de la retención.
       Compatibilidad de actividades.
       Comodidad.
       Posibilidad de actualización inmediata de los contenidos de los cursos.
       Formación personalizada.
       Seguimiento exhaustivo del proceso de formación.    
       Seguimiento continuo
      Ubicuidad
 
Desventajas:
     ▪       La planificación y desarrollo  requiere más inversión de trabajo

     ▪       Se necesita un equipo técnico de producción y de gestión.

     ▪       Se requiere más esfuerzo a nivel técnico por parte del profesorado

      ▪       El tiempo de dedicación al alumnado es más elevado.

     ▪       Es necesario que los y las estudiantes sean muy metódicos y organizados.

    ▪       Pueden aparecer sentimientos de soledad, impersonalidad, aislamiento, etc.

    ▪       La continua interacción con el ordenador puede causar ansiedad en el alumnado.

    ▪       Depende de la conexión a Internet y de la existencia de un ordenador.

     ▪       Es necesario tener una formación básica en la utilización de la TIC´s

     ▪       No discrecionalidad frente a la información.

     ▪       La poca accesibilidad para las personas que viven en países pobres.

      ▪       Rechazo de culturas tradicionalistas.

    ▪       ¿Los encargados de contratar a los futuros profesionales evaluarán de igual manera a los egresados a través de métodos tradicionales de estudio, que a los graduados por medio de E-learning?

            Todo lo nuevo trae consigo esperanzas y temores y el e-learning no escapa a esto.    

Después de leer el abanico de ventajas y desventajas, la pregunta que, en modo personal queda, es: ¿El nuevo modelo pedagógico del E-learning podrá dar ayudar a solucionar la asignatura pendiente de la educación: Humanizar. O se quedará solamente en brindar servicios y reducir costos para las grandes empresas? 

He comenzado este escrito hablando de las revoluciones europeas de los siglos XVIII y XIX no por casualidad. Sino para subrayar cómo ellas contribuyeron a crear esta sociedad de clases, exclusiva (para algunos) y excluyente. El e-learning es en sí misma una nueva revolución: la revolución del siglo XXI: la Revolución de los Medios de Información y Comunicación.  ¿Podrá este nueva revolución acercarnos al proyecto de humanización del hombre o continuará  la líneas de sus antecesoras?

Esta es para mí, la principal ventaja y desventaja que debe ser analizada.

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06 febrero 2013

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Ciencia ficción en la escuela.


El año comienza. Nos encontramos en los primeros días del mes de febrero. A estas alturas en muchos países del mundo las clases ya han comenzado, en otros todavía el curso anterior ni siquiera ha terminado. Y en otros, como es mi caso, apenas nos encontramos con el alba del año escolar.

Indistintamente del tiempo en el que nos encontremos, hay algo que no cambia en ninguna parte del mundo y en ningún centro educativo: el hecho de que el profesorado debe planificar sus clases. Es decir, debe ordenar, previamente a la llegada de sus nuevos alumnos, los contenidos de forma secuencial y “lógica”, debe escoger una serie de objetivos didácticos, debe pensar en los tiempos de ejecución de estos contenidos, debe pensar cómo evaluarlos y quizás de una forma menos intensa debe pensar cómo impartirlos. He dicho que menos intensa porque seguramente su forma de compartir los contenido con sus alumnos no variará mucho del año anterior  y del resto de los mortales: él delante de los chicos, estos “callados” escuchando lo que el maestro tiene que decir.

Esta engorrosa actividad de planificar supone muchos elementos: teorías del aprendizaje, taxonomías para escoger muy bien los objetivos, conocimientos de rúbricas para saber qué competencias han de desarrollarse, selección de recursos, etc… pero seguro que no toma en cuenta: Qué es lo que alumno/a realmente quiere aprender.

No es extraño encontrarnos con salones que al entrar se escucha la voz del profesor “intentando” llamar la atención de sus estudiantes, mientras estos se entretienen en mil y una cosa,  menos poner atención a lo que esa voz que se escucha en el fondo trata de decir. ¿Por qué? Porque lastimosamente a ellos no les interesa. ¿Por qué? Porque lastimosamente lo que se dice no es interesante. ¿Por qué? Porque lo que se dice en el salón de clase está muy lejos de SU realidad.

Si lo que acontece en el salón de clases, no se parece a lo que acontece en la realidad, entonces la ciencia ficción está en el aula. Queremos que los chicos se interesen por el mundo exterior. Pero quién se interesa por SU mundo interior. Que es lo que a ellos realmente les preocupa. Solo lograremos que les importen las ciencias si ellos experimentan que alguien se interesa por sus cosas.

Entonces, ¿No debemos enseñar nada en el aula? Claro que sí. Lo que está en juego no es el contenido, que lastimosamente se ha convertido en un fin en sí mismo. Sino la metodología. Queremos que nuestros chicos y chicas sepan lo que el sistema dice que deben de saber. Y el sistema no quiere personas, quiere Universitarios, quiere “buenos ciudadanos”, quiere trabajadores... Mientras que nuestros muchachos simplemente quieren vivir.

Al encontrarse este choque de “quereres” que no coinciden, es cuando lo acontecido en el aula es más parecido a un grupo de vándalos que desean escapar de prisión, que a una experiencia educativa.

Según Ricard Huguet  en su ponencia “El futuro según nos cuentan los niños”, dice que los chicos tienen tres habilidades, que la escuela se encarga de matar:

·      Los niños poseen la capacidad innata de saber qué necesitan
·      Los niños prefieren aprender a aprender, a que se les diga cómo deben hacerlo
·      Los niños prefieren facilitadores que profesores.

Una pequeña modificación de estas tres cuestiones en nuestra forma de planificar y hacer docencia significaría una gran modificación del concepto de escuela.

Pero creo, desde mi experiencia, que muchos adultos, en este caso docentes, sienten miedo frente a la juventud de nuestros chicos, frente a sus inquietudes, intereses y necesidades. El adulto parece que ha olvidado, como canta Serrat, “que un día tuvo la carne firme y fuego en la piel”. Porque ante la pregunta fulminante de un estudiante “¿Esto para qué me va a servir?” un profesor se queda sin respuesta.

“Para la vida”- podrá responder alguno… ¿Cuál vida? Si lo que hay allá afuera no es más que un montón de adultos con caras largas, haciendo lo que nos les gusta y viviendo como no les gusta. En mundo donde se dice que es lo que se debe hacer, que es lo que se debe usar, que cosas se deben comprar para ser feliz. Pero la felicidad no es el poseer cosas; es lo que los chicos en el aula manifiestan: Vivir. La escuela no enseña a vivir, enseña a cómo adaptase a ese mundo en el que toca “sobrevivir”, en lugar de enseñar a cómo transformarlo, en lugar de enseñar a como ser responsablemente libre.

¿Qué es un adolescente? Una inadaptado social. Y ¿un adulto? Uno que lastimosamente ya se adaptó.

Todos hablan de la educación integral  del ser humano. Pero siguen queriendo alimentar cerebros, en lugar de alegrar corazones. Y ¿quiénes son los culpables de esto?... ¿Los profesores? ¡NO!... Todos.  Porque nos hemos dejado robar la alegría de vivir. Ya no tenemos u-topías (un lugar) para vivir, y al faltar estas tampoco hay eu-topías (buenos lugares) donde vivir.

Término esta reflexión recordando la parábola que el escritor y filósofo noruego Jostein Gaarder contaba en su libro “el mundo de Sofía”, cuando el mentor de Sofía le escribía su primera carta:

“A muchas personas, el mundo les resulta tan inconcebible como cuando el prestidigitador saca un conejo de ese sombrero de copa que hace un momento estaba completamente vacío.
En cuanto al conejo, entendemos que el prestidigitador tiene que habernos engañado. Lo que nos gustaría desvelar es cómo ha conseguido engañarnos. Tratándose del mundo, todo es un poco diferente. Sabemos que el mundo no es trampa ni engaño, pues nosotros mismos andamos por la Tierra formando una parte del mismo. En realidad, nosotros somos el conejo blanco que se saca del sombrero de copa. La diferencia entre nosotros y el conejo blanco es simplemente que el conejo no tiene sensación de participar en un juego de magia. Nosotros somos distintos. Pensamos que participamos en algo misterioso y nos gustaría desvelar ese misterio.
P. D. En cuanto al conejo blanco, quizás convenga compararlo con el universo entero. Los que vivimos aquí somos unos bichos minúsculos que vivimos muy dentro de la piel del conejo. Pero los filósofos intentan subirse por encima de uno de esos finos pelillos para mirar a los ojos al gran prestidigitador. 

 No le quitemos a nuestros chicos la capacidad de asombro… no lo aferremos a la “piel del conejo”  con esas planificaciones basadas en estándares a los que solo les importa un número de calificación…   Démosle la posibilidad de explorar las fronteras de su imaginación, dudas, preguntas, e increencias… asombrémonos con ellos… descubramos junto a ellos las posibilidades del cambio social, cambiando primero en primera persona.  Hagamos de la escuela una alternativa de vida y sociedad. Porque así y solo así estamos garantizando un mejor futuro.

Pd.
Creo que no debe olvidarse, para aquellos que no creen que lo dicho arriba es posible, que la Pastoral Juvenil ha sido quizás una de las pocas instancias que al trabajar con los jóvenes ha logrado incidencias significativas en la educación de los muchachos. No solo porque presenta a un modelo de persona ejemplar: Jesús. Sino porque además ha logrado hacer vida todas esas metodologías que tocan los sentidos, por ende la vida, por ende enseñan a vivir.
Da gusto ver a  jóvenes líderes, que sin tener ninguna titulación en didáctica y pedagogía,  crean en su grupos experiencias de aprendizaje como grandes expertos. Esto demuestra que “todo es posible para el que cree.” 
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27 septiembre 2012

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Talita Kumi…

1.        
¿Qué hay en la cabeza de nuestros jóvenes? ¿Cómo miran al mundo y la realidad? ¿Si la postmodernidad es una exaltación de las sensaciones, frente a qué se sensibilizan nuestros muchachos? ¿Cómo enfrentan el dolor y el sufrimiento?... Estas y otras cuestiones repasan mi mente mientras termino una clase de algo a lo quizás se le puede llamar cristología.
          Me encuentro impartiendo este curso a jóvenes quinceañeros que cursan su 9º grado. El curso consta de tres partes: Una contextualización histórica de la persona de Jesús; luego seguimos con el reino de Dios, entendiéndolo como una respuesta de Jesús frente a su contexto; y terminamos analizando la muerte en cruz como causa “lógica” de su praxis, y la resurrección como una afirmación de Dios.
          En esta última parte nos hallábamos cuando decidí ilustrar el proceso descrito arriba  con la muerte martirial de Mons. Romero. Comparar y descubrir en la vida del obispo salvadoreño un símil de la vida de Jesús, así como entenderlo como un referente de verdadera vida y testimonio cristiano, tan escandaloso como el maestro de Nazaret.
         Proyecté a mis alumnos -5 diferentes grupos de 39 muchachos- un video que mostraba la dura realidad de represión que atravesó El Salvador, especialmente el pueblo campesino, durante la década de 1,980. Aparecen de pronto imágenes impactantes cuando agentes de la Policía Nacional abren fuego contra jóvenes del Bloque Popular que se manifestaban frente a la plaza de la  Catedral Metropolitana el 8 de mayo de 1,979. Las imágenes dejan ver cómo algunos de esos jóvenes morían en su intento por huir de las balas de sus agresores. Otros, eran aplastados por sus propios compañeros que se encontraban en el mismo intento. Se veían caer los cuerpos.
         Mientras tanto yo, observaba a mis alumnos. Unos callados, contemplando, silentes… Pero mi máxima atención recayó sobre otros, que frente a semejante escena no callaron la risa, la ironía, el juego y el chiste. Parecían que estaban viendo una película, de esas que tan de moda nos ha puesto Hollywood, en las cuales la muerte de otro ser humano es algo tan natural y común. Mientras el “héroe” esté vivo no importa cuántas vidas estén siendo sacrificadas.
La clase terminó. Pero mi asombro continúa todavía en este momento.       
2.      
                No son pocos los teóricos en educación que han afirmado que el acto educativo debe estar centrado en la persona del estudiante, él debe ser el centro de gravedad y protagonista de su propio proceso de aprendizaje. De la centralidad en los contenidos - propio de la educación tradicional -  se pasó a la centralidad de la persona – según afirma el constructivismo. Este es el giro copernicano de la educación. Y es muy difícil no pensar en Descartes en este punto (del dogma al sujeto). Junto con los soñadores de la Modernidad, esta centralidad del ser humano debería ser una centralidad personalizante, es decir, que todo aquello que le proporcionemos al alumno debe tener la capacidad de hacerlo cada vez  mejor persona.  ¿Realmente en la escuela se ha dado tal giro que centra a la persona para personalizarlo? ¿No será mejor decir que el giro copernicano se ha dado en el ambiente Postmoderno en el que nuestros jóvenes viven, y  en lugar de personalizarlos los individualiza?
                Nuestros jóvenes son sensibles, eso no hay que dudarlo. Son capaces de conmoverse y sentir pena. Pero nos encontramos con jóvenes envueltos en una cultura “narcisistas” a los que parece solo importarles su propio dolor y sufrimiento, ese que les es “existencial”. El dolor y sufrimiento de los otros lastimosamente se ha convertido en un mero espectáculo propio de nuestro tiempo. La pobreza, la exclusión, la marginación, “la cruz” en palabras de Sobrino “ya no resulta escandalosa”. Nos hemos acostumbrado a ella, se nos ha hecho común y natural. “Es natural que haya gente que sufre. Es una verdadera lástima que existan los pobres. Pero no se puede hacer nada frente a eso.” Sería la conclusión de muchos de nuestros chicos.
3.        
                En los años 60-70´s los grandes ideales de libertad, de revolución; las grandes utopías y sueños reposaban en la mente y corazón de los jóvenes. Eran ellos lo que salían a las calles a reclamar por un mundo mejor; pero también eran ellos los que lamentablemente ponían las víctimas.
En los años 80-90´s mientras las dictaduras militares daban el paso a la instalación de la economía de mercado liberal y su característico estilo de vida, los  jóvenes fueron nuevamente víctimas de un ataque, ya no armado, sino ideológico. Instaurando en su modo de ser y proceder los valores del mercado: de la compra y laventa, del tener y aparentar, del gastar y consumir,  de lo desechable y analgésico, de lo inmediato y pasajero, del sentido de la historia como lineal, de la  exaltación del cuerpo y  el rezago de lo espiritual  visto como accesorio, y de la visión de un Dios “personalizable” con el que se realizan trueques interesados… Los grandes ideales habían muerto, los sueños ya no lo eran, las utopías ya no existían. Se viene a la mente aquel pasaje del evangelio cuando la viuda procesionalmente iba a enterrar a su hijo, a su anhelo, a su esperanza… A diferencia del texto bíblico nuestros jóvenes no tuvieron quién les despertara. Ni el Estado, con sus políticas; ni la Iglesia, con los grupos juveniles; ni las ONG´s y sus programas lograron el milagro. ¿Quién les dirá talita kumi? 
Llegamos al siglo XXI, valores efímeros, desesperanza, lasitud se convirtieron en los nuevos contenidos; los medios de comunicación masiva, los artistas baratos, los juguetes tecnológicos, son los nuevos maestros…  Joaquín Sabina describe muy bien este momento histórico cuando escribe:
“Como quien viaja a lomos de una yegua sombría, por la ciudad camino, no preguntéis adónde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día, y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden… Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido, que viene de la noche y va a ninguna parte, así mis pies descienden la cuesta del olvido, fatigados de tanto andar sin encontrarte… Vivo en el número siete, calle Melancolía. Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría. Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía y en la escalera me siento a silbar mi melodía.”
       
                Definitivamente esa ansía y avidez descontrolada del ser humano, solo deja en evidencia el gran vacío que habita en su interior.  
Lo expuesto anteriormente, obviamente, no abarca a todos los jóvenes en particular, sino al sistema y cultura juvenil que está predominando en nuestro continente y del que todos somos de una u otra forma responsables. Quiere ser un llamado de atención para todos aquellos que nos dedicamos a la educación y trabajo con ellos, padres de familia, docentes, facilitadores, pastores... ¿Cómo les estamos educando? ¿Qué tipo de ser humano estamos educando?
La escuela -  y muchos centros de educación -  se ha perdido en la burocracia, en la papelería, en lo formal y accesorio. Mientras la calidad, la calidez, el encuentro, el diálogo, lo relacional, están fuera de las aulas y pasillos.   
 
Creemos, aun así, que todavía existen muchachos y muchachas que alzan sus voces y no se dejan intimidar por el sistema o ideología. Jóvenes que, como los prisioneros en el mito de la caverna de Platón, rompen las cadenas que les atan para dar la vuelta y dejar de ver las sombras y enfrentarse con la realidad.
             Creemos que todavía se pueden generar verdaderos itinerarios educativos que acompañen los procesos grupales y personales de nuestros jóvenes. Creemos, desde la Iglesia,  en una pastoral juvenil comprometida con la historia que sea presencia de Dios en el mundo, esperanza para los hombres.
Creemos en los  Jóvenes que luchan por la justicia, que viene de la fe, y que creen que el sueño de otro mundo es posible.  
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