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21 noviembre 2014

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Que estén tus oídos atentos...

El pasado 16 de noviembre, se publicó en Panorama Católico (semanario de la arquidiócesis de Panamá), un brevísimo artículo  en formato de entrevista que me realizara el Departamento de Prevención de drogas y atención Psico-social. Para mi sorpresa han llegado al e-mail del Departamento, algunos comentarios de lectores de este medio informativo refiriéndose al artículo. Les comparto la entrevista y al final dichos comentarios.

Saludos!

1. Como teólogo pastoral, ¿Cuál es el papel que ocupa la Iglesia en el tema de prevención drogas?

La iglesia tiene la responsabilidad de brindar a la sociedad cristianos -hombres y mujeres- libres, que desde una perspectiva creyente puedan decir “no” a cualquier circunstancia que les aliene o les haga dependientes, hipotecando su libertad y colocándolos en situaciones de deshumanización. Llámense estas drogas, pornografía, violencia, etc. El papel de la iglesia sería entonces, hacer patente aquel verso de la Conferencia de Santo Domingo en donde pedía a las familias (y en ella a toda la iglesia) de: “educar para la libertar”. Porque solo seres humanos debidamente educados pueden asumir la vida con la libertad y responsabilidad que esta conlleva.

2. ¿Qué necesitan las diferentes pastorales para llevar a cabo iniciativas que rescaten a los jóvenes de las drogas?

Si hay jóvenes que han caído en el problema de la droga, es porque hay un vacío existencial que necesita ser llenado. Por lo tanto, los programas de rescate o rehabilitación de estos jóvenes deben comenzar con la humilde actitud de cantaba el salmista “Que estén tus oídos atentos, a la voz de mi súplica”(sal 130). Estos jóvenes están necesitados de ayuda, aunque no sean consientes de ello. Su adicción es un grito de súplica frente a la impotencia de no poder llevar su carga solos… esto pide que los agentes de pastoral tengan la capacidad de comprenderles, sin juicios ni criticas. Ese escucharles, luego exigirá a los mismos agentes la utilización de ciencias auxiliares a la pastoral, tales como la psicología y la sociología, materias que ampliaran el radio de escucha y comprometerán más a la acción de la iglesia en la búsqueda de las causas y no solo atacar los efectos del negocio de la droga.

3. ¿La Iglesia ha hecho suficiente, pastoralmente hablando, en este tema?

La iglesia, de una u otra forma, va respondiendo a todo aquello que el devenir histórico le va poniendo en frente. El tema de la droga no es un rubro que le toca a la pastoral directamente. Le afecta porque afecta a los cristianos y a estos como ciudadanos. La pregunta mejor formulada sería: ¿Los cristianos, especialmente los lacios que son los que viven en la polis, están asumiendo el mandato de ser “fermento”, involucrándose en la creación y desarrollo de programas comunales y políticos que contribuyan a la gestación de sociedades nuevas, en las que “empresas” como las del narcotráfico no tengan cabida ni influencia sobre las decisiones que importan a todos y todas? De lo contrario, sin una respuesta afirmativa a esta pregunta, toda acción realizada será una mera “curita” puesta a la herida, pero nunca el remedio que al sane.


Estimado Señor, Vladimir Valladares:
en primer lugar reciba un saludo de paz y bendiciones para su labor, me gustaría también, felicitarle por la entrevista del Panorama Católico, de este domingo, pues sus palabras están llenas de sabiduría, verdad y profundidad. Comparto y escucho con usted: "el grito de súplica de los jóvenes y de los no tan jóvenes, que están sumergidos en un mundo de ocultos sufrimientos, mentira, oscuridad y violencia, como son las adiciones.
Octavio Álvarez, soy español y actualmente vivo en David, Chiriquí.

Estimados miembros del departamento de prevención de drogas y atención psicosocial:
Buenas tardes. Reciban mi cordial saludo, deseando éxitos en la insigne labor de prevenir y atender el abuso de las drogas y los factores psicosociales que predisponen a utilizarlos. Mi nombre es Elvis Ibarra, joven chiricano, psicólogo en formación (3 años). En la edición del 16 de noviembre de presente año, de Panorama Católico, observé la entrevista realizada a un teólogo. Con esta entrevista, me sentí inquieto para poder colaborarles en este loable labor, ya que como cristiano y futuro psicólogo me interesa ejercitar lo aprendido en las clases y a su vez ayudar al prójimo.
Elvis Ibarra
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27 septiembre 2014

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Los Evangelios de Mateo y Lucas

La siguiente presentación es parte del material que utilicé en el Taller de Biblia (Estudio de los evangelios de Mateo y Lucas) organizado por la Comisión de "Espiritualidad y Misión" de la PJ Ardiócesana de Panamá.

Como base teórica he tomado de referencia el libro "Para leer el Nuevo Testamento" de Etienne Charpentier, lectura que recomiendo ampliamente, por su rigurosidad, claridad y didáctica a la hora de abordar los temas bíblicos. 



El estudio de los evangelios (y de la Biblia en general) dentro de las comunidades cristianas es sumamente importante porque en ellos encontramos el fundamento de la fe; por los tanto, no puede supeditarse esta tarea a simplemente “leer” los textos, pretendiendo de forma irresponsable, encontrar en ellos un “recetario” para los múltiples situaciones de la vida. Este proceder también iría en contra de lo que señalaba el Vaticano II cuando afirmaba que: 

Habiendo, pues, hablado Dios en la Sagrada Escritura por medio de hombres y a la manera humana, el intérprete de la Sagrada Escritura debe investigar con atención qué pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo a Dios manifestar por sus palabras, para comprender lo que El quiso comunicarnos.
Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a "los géneros literarios", porque la verdad se propone y se expresa de una manera o de otra en los textos de diverso modo históricos, proféticos, poéticos o en otras formas de hablar. Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia, según la condición de su tiempo y de su cultura, por medio de los géneros literarios usados en su época. Pues para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos, hay que atender cuidadosamente tanto a las acostumbradas formas nativas de pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en aquella época solían usarse en el trato mutuo de los hombres.
Y como hay que leer e interpretar la Sagrada Escritura con el mismo Espíritu con que se escribió para descubrir el sentido exacto de los textos sagrados, hay que atender con no menor diligencia al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuenta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe. Toca a los exegetas esforzarse según estas reglas por entender y exponer más a fondo el sentido de la Sagrada Escritura, para que, como con un estudio previo, vaya madurando el juicio de la Iglesia. Porque todo lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios. DV 12

Entonces, se vuelve necesario brindarle a los coordinadores de las comunidades una guía o método de estudio, por muy sencillo que este sea, que les ayude a llevar la reflexión bíblica a un nivel de madurez en el que pueda haber correspondencia entre lo que el Autor Sagrado quiso expresar y la enseñanza para la vida que puede tener el texto para el tiempo presente. 

Saludos!
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20 agosto 2014

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Mensaje de la III Caminata Juvenil por la Paz 2014


Dos acontecimentos motivan esta entrada. El pasado 12 de agosto se celebró el día internacional de la juventud. Unos días después, el 16 de agosto, la juventud católica de Panamá, se unió a esta celebración realizando su tradicional caminata por la paz. Tuve el honor de poder escribir el mensaje que daba inicio a esta activad. Y las líneas que siguen son las palabras que se leyeron ese día. Lo comparto deseando que al final de su lectura se queden con la misma sensación que tuve al escribirlas; porque mientras creamos y apostemos por el desarrollo integral de la juventud: "aún nos queda esperanza." Con cariño: Vladimir!
Panamá, 16 de agosto de 2014
Mensaje

Soy joven… por eso temía hablar (Job. 32,6)


El Documento de Paz de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Medellín en 1968, comienza con estas palabras proféticas: “Si el desarrollo es el nuevo nombre de la paz el subdesarrollo latinoamericano, con características propias en los diversos países, es una injusta situación promotora de tensiones que conspiran contra la paz”; con ellas hacían eco de la voz de Isaías cuando afirmaba que la “Paz es fruto de la justicia” (Is. 32,17) 

Queremos comenzar este mensaje uniendo nuestra voz a las del profeta y los obispos, porque somos conscientes que la paz nos es la mera ausencia de un conflicto armado entre de dos bandos. La historia ha demostrado reiteradamente que en un país puede no existir enfrentamiento bélico, pero esto no significa que no exista violencia. Esa violencia institucionalizada que es el resultado de una serie sistematizada de prácticas injustas que desembocan, por tanto, en la ausencia de esa paz tan querida.

Nuestro País, Panamá, según el Informe Nacional de Desarrollo Humano 2014 es un país que:  “…tiene hoy los recursos y las condiciones institucionales para llevar a cabo una transformación sostenible de largo plazo. Con un ingreso nacional bruto per cápita de US$ 8.100, es uno de los países económicamente mejor dotados de América Latina. El 8.8% del presupuesto total del sector público se destina a la educación, un porcentaje bastante alto con relación a los países del área. Los recursos para inversión en la infancia y en la juventud existen.”

Pero frente a esta pujante realidad económica, surgen las interrogantes ¿Por qué entonces sigue habiendo pobreza, marginación y exclusión que desfavorecen a los sectores más vulnerables? ¿Por qué la falta de calidad en temas de salud, educación y transporte? ¿Por qué siguen siendo los jóvenes noticias diarias con muertes a causa de la violencia generada por las pandillas? ¿Por qué los jóvenes abandonan la escuela, y prefieren la calle, la droga y todo lo que que este mundo le ofrece? ¿Por qué tantas jóvenes menores de edad embarazadas, cercando su futuro al prematuro título de ser madres?… ¿Será entonces que el desarrollo de un pueblo no es necesariamente proporcional a su crecimiento económico?    

Esta es la realidad que nos preocupa, la que nos motiva a que hoy alcemos nuestra voz, la que nos lleva a manifestarnos sin miedo, y pedir que se nos escuche.

2. Les pido que me escuchen, porque les diré lo que sé (Job 32, 10)


Los jóvenes queremos y pedimos la Paz. Pero no esa paz tranquilizante, aparente y maquillada por  los edificios y estructuras altas y magníficas que embellecen parte de nuestra ciudad. ¿Qué son estas si la dignidad de la persona no vale, ni se eleva tanto como esas construcciones? 

Queremos esa paz que nos permita nacer en un hogar, en el cual sentiremos amados y en él podamos desarrollar todas nuestras potencialidades al lado de mamá y papá que siempre están presentes, brindándonos tiempo de calidad. 

Deseamos esa paz en la que es posible ir a la escuela y en ella experimentarnos como en otra casa: bienvenidos, acogidos, satisfechos porque convivimos con otros como iguales y donde el docente nos acompaña durante todo ese largo viaje, procurando que el aprendizaje sea parte de nuestra diversión, y que la educación recibida en las aulas, corresponda con la realidad a la que estamos llamados a transformar. 

Anhelamos esa paz que nos da la confianza de que en medio de la enfermedad, podemos ir a hospitales o clínicas que nos prestan atención humana y brindan medicina de calidad.

Pedimos esa paz que nos da la oportunidad de salir a la calle sin miedo a ser atacados, asaltados o violados.  

Esa paz que nos da oportunidades labores dignas y salarios justos, que nos permitan acceder con sobriedad y responsabilidad a lo que nuestro esfuerzo nos da derecho.

Esa paz llena de oportunidades para educar dignamente a los hijos, para crecer como persona y en la que llegar a viejos gozando de una jubilación merecida, satisfechos por el trabajo realizado, no sea un privilegio, sino una recompensa. 

Esa paz donde nuestra voz es escuchada y tomada en cuenta porque nosotros también tenemos algo que decir.

3. ¿Puedo acaso cruzarme de brazos…? (Job. 32, 16)


Estos son nuestros anhelos. Pero no somos ingenuos. Sabemos que nuestros sueños no son solo responsabilidad de un grupo, sino de todos. Aunque también sabemos que hay niveles en la responsabilidad. 

Por esta razón, no solo exponemos nuestras peticiones; también extendemos los brazos en señal de  nuestra consciencia de que somos colaboradores en la construcción de una sociedad justa, parecida aquella a la que Jesús de Nazaret llamaba: El reino de Dios.

Y hoy, con motivo a la celebración del día internacional de la juventud, nos comprometemos, como jóvenes creyentes, a defender la vida, a luchar por la justicia y a ser constructores permanentes con nuestras palabras y aciones de una Civilización del Amor que tendrá como fruto la paz que hemos descrito.

Queremos terminar estas palabras, que quieren ser la voz de todos los jóvenes panameños, recordando al humilde maestro de Galilea, cuando siendo testigo de la procesión fúnebre que llevaba a un joven a la tumba; la detiene, se acerca al féretro y recita aquella plegaria totalmente animadora (en su sentido más puro de dar vida): “Joven a ti te digo: Levántate” (Lucas 7:14).

¡Jóvenes, testigos del resucitado, no se queden con los brazos cruzados: Levántese!
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27 junio 2011

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La pastoral en el colegio o el colegio en pastoral.

Cuando hablamos de la actividad pastoral que se realiza en los centros educativos de carácter confesional –en este caso católico– nos topamos con dos dificultades bastante comunes. La primera, Qué se entiende por pastoral y la otra, Quiénes son los responsables de realizarla.

No existe dificultad en comprender el término “pastoral” como esa acción orgánica que la Iglesia realiza encaminada a un fin específicamente evangelizador. En el centro educativo esa acción está claramente reflejada en un calendario de actividades que buscan generar en los estudiantes experiencia de Dios. Esto si es que existe una planificación pastoral. Me atrevería a decir que en muchos colegios católicos se cree que hacen pastoral simplemente porque tienen una asignatura de formación cristiana o porque preparan a los estudiantes para algún sacramento.

Por otra parte, si en el centro educativo existe, lo que en algunos lugares llaman, Departamento de Pastoral, o Encargados de las Clases de Religión, o Profesores de Educación en la Fe, no se duda en asegurar que estos son los responsables de “hacer” pastoral en el colegio. Pero si estas figuras no existieran, entonces, tampoco se duda en decir que el único y gran responsable es el “cura” o la “monja” según sea el caso.

Pero, ¿esto es en realidad la pastoral en el colegio? ¿Son los antes mencionados a los que se les debe adjudicar toda responsabilidad pastoral?

La respuesta de la segunda cuestión es directamente proporcional al resultado que le demos a la primera. Por lo tanto, lo que nos ocupa aquí es clarificar eso a lo que llamamos pastoral en el colegio.

1. La actividad como pastoral, y no la pastoral como actividad.

Podemos agrupar las actividades que se realizan en los centros educativos confesionales en dos grandes categorías:

a. Las que tienen que ver con cualquier centro educativo, cualquiera que sea su denominación: Actividades académicas, culturales, deportivas.

b. Las que tiene que ver con lo específicamente litúrgico-celebrativo, retiros, clases de religión acompañamiento espiritual, grupos juveniles: Actividades pastorales.

Si dejamos esas categorías así de puras y presidiendo de la cuestión si hay alguna relación entre ellas, podemos concluir sin problema alguno en que así como existen responsables para el primer grupo de actividades, deben existir responsables directos para el segundo. Por lo tanto, la pastoral en el colegio es asunto de algunos y no de todos.

Esto es verdad, sí y sólo sí nuestra comprensión de la pastoral es parcial y la entendemos como un mero conjunto de actividades “religiosas” que se insertan en un calendario escolar paralelas a muchas otras actividades. Visto de este modo la pastoral puede incluso ser tomada como cualquier otro momento extracurricular más.

Pero lo que aquí estamos procurando subrayar es que la pastoral en el colegio no puede ser reducida a meras actividades aisladas como todas las demás y que no es competencia de unos “especialistas” como todas las demás; y mucho menos limitarnos a crear un dispositivo articulador que logre la tan querida interdisciplinaridad entre las asignaturas del currículo. ¿De qué estamos hablando entonces? De que la pastoral en el colegio es, y debe ser, una responsabilidad y un interés de todos aquellos que tienen una u otra incidencia en la vida escolar. ¿Por qué? Porque así como en una parroquia la acción pastoral es un quehacer de todos los miembros de la comunidad, realizada y distribuida en distintos ministerios (pastorales) y momentos –es aquí donde reside el carácter evangelizador de esta– en el colegio toda actividad realizada, toda acción programada, toda opción metodológica, todo ideario, y todo lo ejercido por los docentes dentro o fuera del aula es ya, y deber ser, en sí mismo pastoral; y toda comprensión de ser humano y sociedad que el colegio exprese tiene ese talante evangelizador.

Se podría objetar que la comparación entre la parroquia y el colegio no es válida. Podría no ser válida en cuanto a que ambas obras son en esencia distintas y con objetivos y públicos distintos; pero sí en tanto que ambas, como obras de la Iglesia, tienen una misión en común: Evangelizar.

Esto nos obliga a precisar este término.

2. La evangelización como plataforma de la pastoral

Por Evangelizar hemos de entender el anuncio de la persona de Jesús y su mensaje del Reino como una buena noticia para los hombres de todos los tiempos. A este anuncio le llamaban los primeros misioneros Kerygma: “la certeza de que Dios resucitó a Jesús, que lo constituyó Señor y que el mensaje por él anunciado, la buena nueva del reino, tenía que ser llevado a toda criatura”. Este es el núcleo de la fe cristina. La evangelización implica además del contenido antes descrito un desarrollo pleno de tres fases: la acción misionera o kerygmática (entre los no creyentes), la acción catecumenal o didajé (entre los recién convertidos) y la acción pastoral o diakonía (con los fieles de la comunidad).

Estas fases las desarrolla en su carácter evangelizador tanto la parroquia, en su especificidad comunitario-parroquial, como el colegio confesional con su especificidad académico-educativa.

Esto significa que toda acción realizada en el colegio es, y debe ser, evangelizadora; es decir, que lleva inmerso en las opciones metodológicas, didácticas y pedagógicas; en su concepción antropológica y social; en la selección de la ética o ideario a seguir, etcétera, el mensaje de la persona de Jesús, la oferta del reino por él anunciado, así como los valores por él practicados y las opciones de vida que hizo.

No se trata, entonces, y como algunos piensan, por poner ejemplos burdos, que en cada clase de matemática o química el profesor tiene que hablar de cuestiones de fe, cuando esto sí compete a una asignatura específica. O que hay que hacer oración al iniciar cada acto programado, cuando existen actividades litúrgicas que ofrecerán el espacio para la intimidad con Dios. Se trata de algo mucho más serio y profundo.

Se trata de que cada miembro del equipo académico y administrativo, no importando su posición, sea “un agente de pastoral”; es decir, un evangelizado que ha comenzado un proceso de conversión al reino (metanoia) y adhesión a Jesús; un creyente que es testigo del resucitado y vive la nueva vida del resucitado; por lo tanto, evangeliza a través de sus actos y forma de vida. En otras palabras, así como en pedagogía y psicología se habla de que lo que “educa es el ambiente”, aquí decimos con toda propiedad que lo que “evangeliza, también, es el ambiente”.

Lo dicho hasta ahora nos lleva a comprender la pastoral ya no como meras actividades religiosas puestas en un calendario, sino como la actividad por excelencia, el motor que mueve e inspira todo el quehacer de la vida en el centro educativo.

Es en este punto donde dejamos de hablar de “la pastoral en el colegio” para comenzar a referirnos “al colegio en pastoral”. Es decir, comenzamos a entender la pastoral como la acción misma, como el espíritu que anima el cuerpo educativo. Ya no como acciones paralelas a la vida colegial.

Por lo tanto todos en el colegio “hacen” pastoral, todos son responsables de hacer del centro educativo, no uno más como los demás, sino un espacio evangelizado y evangelizador. Una alternativa educativa, verdaderamente cristiana frente al modelo imperante.

3. Cuestiones pendientes

Lo expuesto arriba nos deja algunos temas e ideas, que por motivos de espacio podemos dejar pendientes por ahora. Pero en las cuales podemos seguir pensando y dando vueltas…

¿Qué dificultades genera esta forma de comprensión de la pastoral en el colegio?
¿Cuánta disposición existe de parte de las autoridades del centro para ofrecer espacios evangelizadores al personal docente y administrativo?
¿Cuáles son los límites entre la parroquia y el colegio?
¿Cómo debe comprenderse la pastoral social en el colegio?

Y algo que particularmente me resuena… y creo que pronto escribiré: ¿Podemos entender la pastoral como Presencia?
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02 marzo 2011

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Pastoral Juvenil, el ser de sus agentes.

a. ¿De qué estamos hablando?

Cuando hablamos de las cuestiones que implican una pastoral juvenil se vienen a la mente muchas cosas: procesos de crecimiento, itinerarios formativos, programas de liderazgo, acompañamiento etc... Pero también deben aparecer en ese horizonte aquellos que hacen posible la acción de la iglesia dirigida al mundo de los jóvenes y su juventud. Nos referimos a los agentes: El animador y el asesor juvenil.

Para una explicación bastante bien elaborada del ser y hacer de estos dos agentes remito a la lectura del libro “Civilización del amor”. En él podrá encontrarse una hermosa catequesis de estos servidores de la comunidad.

En estas líneas pretendo “decir algo” sobre estos agentes, mas no pretendo simplemente “decir algo más”. Quiero compartir lo que en una ocasión un grupo jóvenes líderes, animadores de grupos juveniles, decían de sí mismos y de lo que esperaban de sus Asesores (“Acompañante adulto” de ahora en adelante).

b. Una aclaración

Antes de transmitir -espero que fielmente- lo que aquellos chicos y chicas expresaban, es bueno hacer una breve aclaración. Cuando hablamos de pastoral, en su acepción general, debemos entender que estamos hablando del “hacer” de la iglesia. Pero no es un hacer cualquiera. Es una praxis que brota de un “ser” que le antecede. Podemos decir con toda propiedad que el “ser” precede, determina el “hacer”. Por lo tanto, no existe una pastoral neutra. Toda pastoral es intencionada, direccionada por la comprensión que la iglesia tenga de sí.

No es de extrañar que cuando los obispos del mundo, convocados por el Papa Juan XXII, se reúnen para celebrar el Concilio Vaticano II la primera pregunta que se hagan es “¿Iglesia quién eres?” y que como resultado de esta reflexión nazca la Constitución Dogmática Lumen Gentium, que no es más que la nueva eclesiología, la nueva concepción que la iglesia universal hace de sí: “somos pueblo de Dios, sacramento de salvación”. Ya no más “una iglesia civilización perfecta, jerarquizada y servida de la humanidad”. Tenemos así el resumen de ese documento.

Una vez la iglesia se ha definido viene la siguiente pregunta “¿Iglesia cuál es tu rol en el mundo?” De esta nueva reflexión y teniendo como parangón lo dicho en la Lumen Gentium se obtiene como resultado el quizás más hermoso documento del Concilio: su Constitución Pastoral “Gaudium et Spes”. Documento en el que se atreven a decir que “los gozos y las esperanzas, las alegrías y las angustias de los hombres son las mismas que de los hijos de la iglesia”. La iglesia comienza a comprender entonces que la única forma de ser verdadero pueblo de Dios y sacramento de la salvación es haciéndose “servidora de esa humanidad de la que no es ajena sino responsable y para la cual tiene una buena noticia”. Es decir: toda pastoral si quiere ser fiel en su actuar no debe olvidar quién y qué es.

c. El ser de los agentes

Volvamos entonces al tema que nos trae aquí. A los chicos y chicas de aquella reunión se les preguntaba: ¿Cómo se definirían así mismo y a sus acompañantes? (EL SER) Y ¿Cuáles deberían ser las tareas de ambos? (EL HACER). Me limitaré a enumerar lo que respondieron sólo a la primera pregunta, es decir: al ser de los agentes.

Sobre los animadores nos dicen:

Un animador de Pastoral juvenil es un joven responsable y organizado, interesado por su comunidad (miembros de su grupo). Es paciente, comprensivo, y con un profundo amor por Jesús.

De los Acompañantes nos dicen:

Un acompañante es: un adulto que es capaz de guiar no simplemente dirigir, ayuda al joven en su proceso de encuentro con Jesús. Sabe trabajar en equipo, escuchar, delegar y corregir, así como dar Valor a las ideas de los jóvenes.

Estas dos definiciones, no acabadas ni últimas, nos dan algunas luces para desprender, en reflexión ulterior, un adecuado hacer de los agentes. Veamos qué intuiciones podemos obtener de lo que jóvenes opinan.

Primero, el camino recorrido: del animador nos dicen que es un joven (iniciando un camino), del acompañante nos aclaran que es un adulto (un iniciado, alguien con cierta experiencia capaz de acompañar al nuevo caminante). El hecho de que comprendan el momento biológico como estado de madurez es muy iluminador.

Segundo, las características propias: ambos agentes poseen características particulares y propias que le dan la singularidad pertinente para realizar la tarea encomendada. Estas características bien comprendidas logran la complementariedad de los dos agentes. Logran la distribución de tareas en beneficio de la comunidad.

Tercero, el nivel del encuentro. Auque los dos siguen siendo discípulos y en constante encuentro con Jesús, del animador se dirá que posee un profundo amor por el Maestro de Galilea, amor que lo llevará a buscar las maneras pedagógicas y didácticas para colaborar a que sus pares, en el momento de reunión, también amen a Jesús. Y del Acompañante, se dice que tendrá que ayudar a los jóvenes en sus procesos personales de seguimiento. Itinerario personalizado que ya no se da en la dimensión grupal sino en la de la camino particular.

d. Concluyamos.

Creo que estamos en tiempos donde hay que devolverle la voz a los jóvenes con los que hacemos camino. Dejarnos interpelar por ellos, ser sensibles a “sus gritos” muchas veces angustiados, e interpretar los signos que nos dan en su forma de ser, de vestir de expresarse. Seamos junto con ellos iglesia, comunidad de hermanos.

En esta reflexión he querido ser fiel a esa convicción y compartir lo que ellos a su vez me compartieron.
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08 junio 2010

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Jóvenes, ¿una Opción?


La tercer Conferencia del Episcopado Latinoamericano celebrada en Puebla en el año 1979 no sólo ratificó la opción por los pobres hecha en Medellín, en 1968, sino que además agregó una nueva opción que definiría el quehacer pastoral del continente: Los jóvenes.

Basta decir de la primera que, La opción por los pobres es el esfuerzo por comprender que estos sujetos son el contrapeso hermenéutico de la realidad donde Dios se manifiesta, habla y sufre. Se comprendió la pobreza, de estos pobres concretos, como categoría teológica, es decir como lugar desde el cual se puede hablar en nombre de Dios, lugar donde se descubre a Dios. La pobreza es entendida como un estado de vida provocado que lleva intrínsecamente la injusticia, la marginación, la reducción del hombre a lo no-humano; estos elementos son llamados con mucha fuerza Pecado, que es totalmente contrario a la voluntad de Dios. Así, si la iglesia, continuadora de la obra de Jesús, quiere ser fiel a su Señor debe optar por los que él optó primero. De este modo la opción muy particular de la Iglesia latinoamericana se vuelve opción universal para la totalidad de la Iglesia.

Por otra parte, La opción por los jóvenes es el esfuerzo por comprender que la Iglesia sólo tiene futuro en la medida que ese futuro es asegurado en aquellos que lo vivirán. Pero no es un futuro idealista, carente de realidad, es aquel que ya está potencialmente en nuestros jóvenes de hoy.

Más de treinta años han pasado de haberse celebrado Puebla, valdría la pena la pregunta ¿Qué de aquella opción por los jóvenes? ¿Dónde está el accionar de la iglesia en favor de este sector que se supone garantiza el ardor del Espíritu en la historia?

Muchas políticas de juventud han nacido, reducidas a meros documentos bien elaborados que no tienen el impacto querido en la realidad. Muchos tratados se han escrito sobre juventud, pero los jóvenes siguen siendo los ignorados, marginados e incomprendidos; muchos planes pastorales se han diseñado, pero nuestros templos, predios parroquiales y comunidades siguen teniendo un gran ausente: los jóvenes y su juventud. Escandaloso es esto en un Continente donde más de la mayoría de sus habitantes son jóvenes, que prefieren otro tipo de actividades que las eclesiales, que buscan el sentido de su vida en lo superficialidad de una dinámica consumista más que en la auténtica libertad que nos regala la vida de fe; que desean ser felices sin Dios, porque para ellos ni la Iglesia, ni la fe, ni Dios les dice nada nuevo.

Entonces, ¿Qué implica una opción real por la juventud? Lo que a continuación escribo no pretende ser un recetario, sino sólo la enumeración de elementos que en el trabajo de una década con ellos me ha dado.

“Conocerles es entenderles, entenderles es amarles.”

Cuántas páginas llenan los libros “especializados” que hablan de cómo hacer una “buena” Pastoral Juvenil. Todos hablan de sus compartimientos, de sus procesos evolutivos de crecimientos, de sus cambios físicos, psicológicos y emocionales, de sus energías y potenciales, etc. Todos hablan de los jóvenes. Sin negar la bondad de estos libros y las pistas que nos ofrecen para la comprensión del mundo juvenil, los encargados de la Pastoral Juvenil suelen olvidar que es mucho más importante hablar con los jóvenes. Entrar en su realidad, compartir con ellos, vivir con ellos, dialogar sin juzgar, sin que eso excluya el cuestionar.

El primer momento de una Pastoral Juvenil no es el diseño de grandes planes de formación, que muchas veces se quedan en buenos objetivos, en buenas intenciones, en buenos presupuestos; éstos no son sino sólo la explicitación escrita de un momento anterior mucho más importante. El primer momento, entonces, es conocerles, porque sólo en la media en que se les conoce más profundamente se les entenderá más profundamente; es decir que se comprenderá el porqué de ciertos comportamientos, porqué de sus dudas y preguntas, porqué de sus miedos y aspiraciones, en fin sólo así se les amará en serio; y el amor buscará siempre el mejor y mayor beneficio para el amado. San Juan de la Cruz dirá: “que el amor asemeja al amante con el amado”.

No resultan extrañas las siguientes preguntas de los animadores de Pastoral Juvenil: ¿Qué temática tratamos en esta reunión? ¿De qué les hablamos? ¿Qué libro podemos utilizar para los temas? Cuando estas preguntas aparecen y se dan como preocupantes, es que entonces se han alejado de ellos, ya no los conocen y sólo quieren “formarlos”, direccionarlos, “enseñarles”... Han olvidado que son ellos los que nos enseñan cómo tratarles. Han olvidado que lo primero es caminar con ellos, hacerles preguntas, dejarlos que nos hablen, que nos compartan su vida, como lo hizo Jesús con los discípulos de Emaús: para que sólo al final, al partir el pan, compartiendo lo vital y esencial, se revela el Misterio que se da como Don y como tal es recibido, dejándolos inquietos yendo en busca de la comunidad.

“Soy joven, ustedes ancianos, por eso tenía miedo de hablar...” (Job 32, 6)

Otro elemento muchas veces olvidado por los encargados de la Pastoral Juvenil es el hecho de que los jóvenes tienen voz dentro de sus procesos de maduración. Procuramos tanto darles itinerarios de formación ya diseñados, reuniones grupales prefabricadas, asambleas ya establecidas, actividades pre-pensadas... pero, ¿Cuántas veces se toma en cuenta sus inquietudes, sus necesidades, sus problemas, sus propuestas? Y no me refiero simplemente al preguntarles ¿qué quieren?, esto no tiene nada de pedagógico o educativo, me refiero al verdadero involucramiento en la toma de decisiones, a la consulta seria donde ellos son verdaderos protagonistas, incluso en el error.

Existen una cantidad de grupos juveniles donde educamos a los jóvenes para ser meros receptáculos de ideas preconcebidas; para ser entes pasivos acostumbrados a que otros piensen por ellos; para ser jóvenes mudos en mundo donde se les ha robado su derecho de expresión que clama con ardiente y sincero deseo la coherencia de los adultos; para ser reproductores de un sistema, ideologías y creencias religiosas, más que para ser creativos, propósitivos, innovadores.

Los partidos políticos en la actualidad, por lo menos en El Salvador, poseen sectores de juventud donde más que darles verdaderas espacios de participación donde sus voces son escuchados, son adiestrados, adoctrinados para reproducir los pensamientos del partido, o de los fundadores o dirigentes en turno, y no para refrescarlo, re-crearlo, convertirlo. La Pastoral Juvenil muchas veces cae en el mismo error.

Hay un miedo en nuestros chicos y chicas en expresar sus ideas, temor de ser juzgados por sus “alocadas” ocurrencias, temor a cuestionar porque entonces son tomados como revoltosos e inmaduros, temor a decir lo que piensan y sienten, porque se les ha enseñado que ya todo está dicho. Pero hay un miedo todavía más peligroso: el miedo de las autoridades y de los dirigentes a que los muchachos y muchachas se expresen con libertad, porque bien saben que eso implica tocar “la verdad oficial” que no es otra cosa que “la conservación de una serie de proposiciones ya desfasadas, carentes de actualidad.”

Resuena entonces la voz de Elihú, joven teólogo del libro de job, que es la voz en el silencio de nuestros muchachos: “Los muchos años no hacen sabio a nadie, ni las barbas traen consigo una recta comprensión. Por eso dije: Ahora, que me escuchen, pues yo también tengo algo que decir” (Job 32 9-10)

No les demos a nuestros jóvenes respuestas, propongámosles preguntas...

“Te conocía de oídas, pero hoy te han visto mis ojos...” (Job 42,5)

¿Qué es Dios? Esta es la pregunta filosófica, la búsqueda por el Ente supremo, por el gran Otro, por el Absoluto... sin menospreciar a los grandes filósofos, la pregunta que interesa a los jóvenes es ¿Quién es Dios? Porque esta es la cuestión existencial, no el intento por la definición de la cosa, sino por la relación con la persona.

El joven no quiere definir a Dios, quiere relacionarse con él. Aunque la definición sea inherente, pero esta sólo llega después de la experiencia. Entonces resulta limitante cuando las imágenes que de Dios mostramos son tan lejanas a su campo de comprensión. Le decimos que Dios es Padre, pero es un Padre que le pide todo un “protocolo litúrgico” para entablar diálogo con él. Le decimos que Dios es Amor, pero un amor tan abstracto que no deja de ser mero concepto incapaz de incorporarse en su diario vivir porque se le ama y se ama en la intimidad que individualiza, más que en aquella que personaliza provocando el diálogo. Sin mencionar esas imágenes tergiversadas del Dios que reprime, que obliga, que coarta, con el que se hacen transacciones interesadas... todas estas y muchas más ya no son creídas por nuestros muchachos y muchachas, ya no las aceptan fácilmente, las cuestionan, y con bastante temor. Todas estas y muchas más son enseñadas no sólo con discursos programáticos sino con acciones, que es peor.

Los ambientes de Pastoral Juvenil deben ser un espacio donde se viva la experiencia de Dios, donde Dios pueda ser transparentado en la comunidad misma, donde Dios pueda ser encontrado y vivido. No podemos pretender limitar a Dios en una idea o en un concepto del cual ya no se puede salir. Entonces no es Dios.

He escuchado tantas veces decir a los chicos y chicas que Dios es para ellos su Amigo. Porque un amigo no resuelve la vida, no hace milagros, no necesita cita previa para hablarle. Un amigo acompaña, comprende, calla, habla cuando tiene que hacerlo, exige en la confianza, señala el error porque ama, porque conoce, porque acepta.

¿Es que los jóvenes quieren entonces un Dios alcahuete? Para nada. Quieren y desean conocer al verdadero Dios, al Dios de Jesús, a ese Dios que exige, pero no reprime; que llama, pero no impone; que libera, pero hace responsable, a ese Dios al que puedes saborear más que saber.

“Testigos más que predicadores”

Un último dato que la experiencia da al estar con los chicos es el reclamo que ellos hacen a la coherencia de los adultos. No es extraño escuchar como los muchachos manifiestan cierta antipatía o displicencia cuando se les habla de Dios, para muchos pareciera que es “una mala palabra”. Pero cuando se ve a fondo se descubre que el problema no es con Dios, son con sus representantes. Es preocupante cuando se comprueba que los más influyentes predicadores que potencian la increencia e indiferencia de nuestros muchachos son los creyentes.

Pablo VI atinaba tanto cuando en la Evangelii Nuntiandi escribía con mucha fuerza: “el mundo necesita más testigos que predicadores, y si les creen a los predicadores es porque son testigos.” La mejor forma de predicar a Dios es siendo su testigo en el mundo, la mejor forma de hacer que nuestros jóvenes crean en Dios es demostrando que vale la pena creer en él, es siendo coherente con aquello que se predica y se hace, es viviendo las exigencias éticas del reino predicado por Jesús.

Existe una crisis de credibilidad por parte de los jóvenes a las instituciones políticas y religiosas, mucho de esto es por la falta de coherencia que se encuentra en el mundo adulto. Hay una crisis de credibilidad a los líderes, podemos decir sin miedo al error que no hay líderes, y que los jóvenes reclaman eso.

Y es mucho más lastimoso cuando la coherencia de los líderes se da más con los dogmas, con la doctrina establecida que una coherencia con las exigencias que nos da la vida de Jesús y la realidad misma.

Ahora es el turno de que ustedes tomen la palabra, mis queridos lectores. No hemos dicho todo, ni pretendemos hacerlo, sino solamente dejar el diálogo abierto... ¿Qué otros elementos hacen falta para hacer de nuestra Pastoral Juvenil una verdadera opción por los jóvenes? ¿Qué puedes agregar a los elementos que hemos planteado?
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