02 marzo 2011

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Pastoral Juvenil, el ser de sus agentes.

a. ¿De qué estamos hablando?

Cuando hablamos de las cuestiones que implican una pastoral juvenil se vienen a la mente muchas cosas: procesos de crecimiento, itinerarios formativos, programas de liderazgo, acompañamiento etc... Pero también deben aparecer en ese horizonte aquellos que hacen posible la acción de la iglesia dirigida al mundo de los jóvenes y su juventud. Nos referimos a los agentes: El animador y el asesor juvenil.

Para una explicación bastante bien elaborada del ser y hacer de estos dos agentes remito a la lectura del libro “Civilización del amor”. En él podrá encontrarse una hermosa catequesis de estos servidores de la comunidad.

En estas líneas pretendo “decir algo” sobre estos agentes, mas no pretendo simplemente “decir algo más”. Quiero compartir lo que en una ocasión un grupo jóvenes líderes, animadores de grupos juveniles, decían de sí mismos y de lo que esperaban de sus Asesores (“Acompañante adulto” de ahora en adelante).

b. Una aclaración

Antes de transmitir -espero que fielmente- lo que aquellos chicos y chicas expresaban, es bueno hacer una breve aclaración. Cuando hablamos de pastoral, en su acepción general, debemos entender que estamos hablando del “hacer” de la iglesia. Pero no es un hacer cualquiera. Es una praxis que brota de un “ser” que le antecede. Podemos decir con toda propiedad que el “ser” precede, determina el “hacer”. Por lo tanto, no existe una pastoral neutra. Toda pastoral es intencionada, direccionada por la comprensión que la iglesia tenga de sí.

No es de extrañar que cuando los obispos del mundo, convocados por el Papa Juan XXII, se reúnen para celebrar el Concilio Vaticano II la primera pregunta que se hagan es “¿Iglesia quién eres?” y que como resultado de esta reflexión nazca la Constitución Dogmática Lumen Gentium, que no es más que la nueva eclesiología, la nueva concepción que la iglesia universal hace de sí: “somos pueblo de Dios, sacramento de salvación”. Ya no más “una iglesia civilización perfecta, jerarquizada y servida de la humanidad”. Tenemos así el resumen de ese documento.

Una vez la iglesia se ha definido viene la siguiente pregunta “¿Iglesia cuál es tu rol en el mundo?” De esta nueva reflexión y teniendo como parangón lo dicho en la Lumen Gentium se obtiene como resultado el quizás más hermoso documento del Concilio: su Constitución Pastoral “Gaudium et Spes”. Documento en el que se atreven a decir que “los gozos y las esperanzas, las alegrías y las angustias de los hombres son las mismas que de los hijos de la iglesia”. La iglesia comienza a comprender entonces que la única forma de ser verdadero pueblo de Dios y sacramento de la salvación es haciéndose “servidora de esa humanidad de la que no es ajena sino responsable y para la cual tiene una buena noticia”. Es decir: toda pastoral si quiere ser fiel en su actuar no debe olvidar quién y qué es.

c. El ser de los agentes

Volvamos entonces al tema que nos trae aquí. A los chicos y chicas de aquella reunión se les preguntaba: ¿Cómo se definirían así mismo y a sus acompañantes? (EL SER) Y ¿Cuáles deberían ser las tareas de ambos? (EL HACER). Me limitaré a enumerar lo que respondieron sólo a la primera pregunta, es decir: al ser de los agentes.

Sobre los animadores nos dicen:

Un animador de Pastoral juvenil es un joven responsable y organizado, interesado por su comunidad (miembros de su grupo). Es paciente, comprensivo, y con un profundo amor por Jesús.

De los Acompañantes nos dicen:

Un acompañante es: un adulto que es capaz de guiar no simplemente dirigir, ayuda al joven en su proceso de encuentro con Jesús. Sabe trabajar en equipo, escuchar, delegar y corregir, así como dar Valor a las ideas de los jóvenes.

Estas dos definiciones, no acabadas ni últimas, nos dan algunas luces para desprender, en reflexión ulterior, un adecuado hacer de los agentes. Veamos qué intuiciones podemos obtener de lo que jóvenes opinan.

Primero, el camino recorrido: del animador nos dicen que es un joven (iniciando un camino), del acompañante nos aclaran que es un adulto (un iniciado, alguien con cierta experiencia capaz de acompañar al nuevo caminante). El hecho de que comprendan el momento biológico como estado de madurez es muy iluminador.

Segundo, las características propias: ambos agentes poseen características particulares y propias que le dan la singularidad pertinente para realizar la tarea encomendada. Estas características bien comprendidas logran la complementariedad de los dos agentes. Logran la distribución de tareas en beneficio de la comunidad.

Tercero, el nivel del encuentro. Auque los dos siguen siendo discípulos y en constante encuentro con Jesús, del animador se dirá que posee un profundo amor por el Maestro de Galilea, amor que lo llevará a buscar las maneras pedagógicas y didácticas para colaborar a que sus pares, en el momento de reunión, también amen a Jesús. Y del Acompañante, se dice que tendrá que ayudar a los jóvenes en sus procesos personales de seguimiento. Itinerario personalizado que ya no se da en la dimensión grupal sino en la de la camino particular.

d. Concluyamos.

Creo que estamos en tiempos donde hay que devolverle la voz a los jóvenes con los que hacemos camino. Dejarnos interpelar por ellos, ser sensibles a “sus gritos” muchas veces angustiados, e interpretar los signos que nos dan en su forma de ser, de vestir de expresarse. Seamos junto con ellos iglesia, comunidad de hermanos.

En esta reflexión he querido ser fiel a esa convicción y compartir lo que ellos a su vez me compartieron.
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18 enero 2011

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¿Una teo-logía de la comunicación? (parte II)

Continuamos nuestra reflexión sobre el hombre en clave comunicativa. Para ver la primera parte ir a ¿Una teo-logia de la comunicacion? parte I

ii. La Torre de Babel. La dispersión del mensaje

El redactor bíblico para cerrar la primera parte del libro del Génesis, antes de dar paso a la sección narrativa sobre los orígenes del pueblo de Israel, coloca un episodio bastante curioso; es el pasaje que conocemos como de la “Torre de Babel” (Gen. 1 11, 1-8). Los biblistas coinciden al afirmar en que los capítulos del 2 al 11 del Génesis, pertenecientes al Yasvista, son una sola sección donde recuentan de formas varias el mismo esquema “bendición-tentación-caída-signos de misericordia”. Afirmando cómo el hombre perdió el camino que Dios había marcado para su felicidad, pero que a pesar del error humano Dios sigue manifestando su compasión.

Sin hacer caso omiso de los expertos, es posible encontrar en el relato que nos ocupa otra interpretación que no es ajena a la convencional, sino que encuentra en ella su fundamento y que va en la línea de nuestra reflexión. Por la brevedad del relato vale la pena reproducirlo en su totalidad. (En letra CURSIVA  a continuación colocamos el texto y en NEGRITA, más abajo, con referencia a los versículos iremos agregando pistas de reflexión).

1Todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras.
2Al desplazarse la humanidad desde oriente, hallaron una vega en el país de Senaar y allí se establecieron.
3Entonces se dijeron el uno al otro: «Ea, vamos a fabricar ladrillos y a cocerlos al fuego.» Así el ladrillo les servía de piedra y el betún de argamasa.
4Después dijeron: «Ea, vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en los cielos, y hagámonos famosos, por si nos desperdigamos por toda la haz de la tierra
5Bajó Yahveh a ver la ciudad y la torre que habían edificado los humanos,
6y dijo Yahveh: «He aquí que todos son un solo pueblo con un mismo lenguaje, y este es el comienzo de su obra. Ahora nada de cuanto se propongan les será imposible.
7Ea, pues, bajemos, y una vez allí confundamos su lenguaje, de modo que no entienda cada cual el de su prójimo.»
8Y desde aquel punto los desperdigó Yahveh por toda la haz de la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.
9Por eso se la llamó Babel; porque allí embrolló Yahveh el lenguaje de todo el mundo, y desde allí los desperdigó Yahveh por toda la haz de la tierra.

(Versos: 1-2) Parece que es impensable que los humanos hablen un mismo lenguaje y se establezcan en un único lugar, ya que Dios creó al género humano para que poblara la tierra. Es un ir contra Dios esa uniformación y establecimiento. La creatividad humana no puede limitarse a una sola forma de hablar.

(Versos 3-4) El querer “ser como Dios” se manifiesta aquí en la “cúspide en los cielos... hagamos famosos”. El hombre finito busca retar a Dios en su infinitud.

(Versos 5-9) El “un solo pueblo y confundir el lenguaje” no debe entenderse como una contradicción del querer que la humanidad no se entienda, sino que es un ir en contra del monopolio en todos los sentidos

En la actualidad mucho se habla de “un lenguaje común”, de una forma común de pensar, del mundo como aldea global. Y aunque estas expresiones en sí no tienen nada de peligrosas, si podríamos caer en el peligro de que ese lenguaje y pensamiento común se conviertan en el único, cerrando cualquier otra forma posible. Tanto en los ambientes laicos como religiosos, a lo primero le llamaríamos autoritarismo a lo segundo le llamaríamos dogmatismo.

El pecado de la humanidad en este texto parece ser el olvidar que la comunicación humana posee ese talante creativo que le abre a todas las posibilidades, no puede ser limitado a una sola autoridad que le indique por dónde ir. Sin que esto signifique tampoco caer en el extremo de tener tantos "lenguajes" en los que al final la humanidad tampoco se comprenda.

La comunicación humana va en la línea de la dispersión, sin que esto signifique un individualismo camuflado de particularidad. Hablamos entonces del respeto a la diversidad, de que la cultura del hombre no puede encasillarse ni limitarse a un único estilo.

Esto nos ayuda a comprender mejor que cuando hablamos de la misión de la Iglesia de llevar el Evangelio a toda criatura, de comunicar aquello que se nos ha revelado en Jesús, el mensaje sólo puede ser ofertado y respetuoso del receptor, como ofertada y respetuosa fue la encarnación del Hijo de Dios. La evangelización debe ser un diálogo con la cultura de lo contrario no sería comunicación sino imposición. De no ser así, en lugar de provocar vida en el diálogo, la imposición provoca la muerte de aquellos elementos propios de la cultura.
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04 enero 2011

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Educar es un Arte

Los latinos tradujeron por "arte" aquello que los antiguos griegos denominaban como tekné. Para éstos la tekné no se reducía al mero hacer algo, ni los teknicós eran los que simplemente hacían cosas. La tekné era un modo de saber, es decir es un "saber hacer" y el acento de este binomio se encuentra en el saber de eso que se hace. De este modo el ejecutor de la acción no es un mero artesano sino un sabio. Dicho los anterior podemos comprender, entonces, que esto del Arte.

La educación, vocablo latino que significa literalmente: extraer de adentro, tiene como objetivo la extracción de lo mejor que el alumno posee, hacerle darse cuenta de sus potencialidades y logre así desarrollarlas. Pues esto que es tan fácil de escribir en un par de líneas no es tan sencillo en su práctica, razón por la cual la educación es un arte, y los educadores verdaderos artistas.

Pero la educación como arte tiene ciertas características, no acabadas ni únicas, que en mi experiencia he descubierto. Permítaseme anotarlas y compartirlas:

1. Como todo arte la educación requiere práctica y disciplina. Esto significa que los espacios educativos creados por el docente para favorecer el desarrollo de los alumnos se van perfeccionando conforme se van poniendo en práctica. Y el mejoramiento de estos espacios se consigue mediante el docente comprende que lo que hace es perfectible en la medida los ejercita.

2. Como en todo arte no existe en educación una única forma de hacer las cosas, sino que es la creatividad del artista la medida.

3. También es importante recordar que el arte como modo de saber implica que el artista sepa con certeza de aquello de lo que habla. Además de saberlo explicar de múltiples formas según las necesidades de sus aprendices.

4. Y para terminar, la educación como modo de saber no puede ser comprendida solamente como una labor intelectual donde el acento es la razón. Sin desmentir lo anterior, he de agregar que la educación como sabiduría es un saborear aquello que se comparte. El educador debe amar lo que sabe hacer, amarlo de tal forma que pueda notarse el gusto que siente por lo que hace, gustarlo tanto hasta el punto que sus alumnos gusten aquello de lo que el maestro gusta. De esta forma la educación deja de ser sólo atención a la racionalidad y pasa a ser una labor del corazón. Una labor de enamoramiento. Entonces educar se convierte en el encuentro de dos corazones.
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20 diciembre 2010

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A mi Joven Aprendiz

Reflexión breve.

Hay cosas que no debo olvidar, pero que por razones extrañas termino haciéndolo. Una de esas cosas es: “que todo aquel que quiera llamarse maestro no puede pretender dar respuestas absolutas a aquellos que tiene en frente, sino simplemente proponer ideas, puntos de vista, que pueden ser acogidos por sus estudiantes, pero que nunca son concluyentes.”


La labor del que quiere educar debe ir encaminada más que a dar el recetario de fórmulas establecidas a generar preguntas, y dejar que el alumno haga su propio camino en la búsqueda de las respuestas, que seguramente tampoco serán concluyentes, pero si llenas de sentido, porque han sido la consecuencia de un querer encontrarse con ellas; y cuando esa búsqueda es sincera lo encontrado es todavía más sincero

Digo esto porque a veces, cuando pretendo ser un “educador”, parece que no logro contener esa fuerza que me mueve a decirte las cosas que deberías pensar o hacer. En lugar de dejarte ser, para que logres descubrir con tu propia experiencia lo que es la vida y sus movimientos.

Pero gracias a este “error” me doy cuenta que el maestro nunca deja de ser aprendiz y que muchas veces (quizás siempre) se aprende junto a aquél: "Que no hay respuestas últimas, ni pensamientos absolutos; sino principios válidos para determinados momentos que no es que pierdan su sentido, sino que evolucionan conforme la persona, la sociedad, el mundo lo hacen también".
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05 octubre 2010

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¿Una teo-logía de la comunicación? (parte I)

Quiero presentar a continuación, y en varias entregas, una serie de reflexiones en las cuales concibo al ser humano como un ser netamente comunicativo; dimensión desde la que reinterpreto la visión creyente del hombre buscando no hacer una nueva antropología (sería demasiada pretensión), sino mas bien dar un aporte humilde en este mundo donde las herreamientas comunicativas son un auge, mas el contenido de lo comunicado es irrelevante; y el ser que comunica queda entre paréntesis.   

1. Importancia de la relacionalidad humana.

El ser humano es un ser de relaciones. Entabla relaciones con su ambiente, con sus iguales, consigo mismo, con lo transcendente. En estas reflexiones no nos importa describir la primordialidad de estos campos de relación, basta con afirmar que son interdependientes; el hombre no podría considerarse plenamente humano si alguno de ellos faltara. Sí nos interesa, por el contrario, afirmar que la relacionalidad humana tiene un carácter netamente comunicativo.

Antes de continuar resulta oportuno decir qué entendemos por comunicatividad. Estamos habituados a comprender el acto comunicativo con el esquema clásico de: emisor, mensaje, canal, receptor. Y de limitarlo sólo a la palabra hablada, escrita o alguna expresión simbólica. Sin negar esto, hemos de agregar que toda actividad humana y todo el ser humano tienen ese carácter de decir algo del sujeto emisor. En este decir algo encontramos la extro-versión del hombre, ese volcarse afuera sí para darse a lo que no es él. Expliquémonos

El acto comunicador se da sólo en la media que existen dos sujetos involucrados: el emisor y el receptor, como bien dice el esquema tradicional. Pero estos no deben ser entendidos como agentes estáticos, como si el primero se limitara a enviar los mensajes que el segundo simplemente recibirá. Comprensión tal degeneraría en una castración de tan sorprendente cualidad. Ambos son totalmente dinámicos, emiten y receptan en su determinado momento. Lo circular, puede ayudarnos a comprender gráficamente lo que queremos decir. Este movimiento de los sujetos es a lo que llamamos diá-logo, es decir, “Intercambio”.

No podemos olvidar que en el acto comunicativo no sólo existen los sujetos sino también aquello que éstos desean comunicar, es decir: el mensaje. Lo que nos importa de este dato es que en él existe un contenido, no es mero ruido o sin sentido. El mensaje tiene intencionalidad: transmitir algo de aquel que lo ha emitido. Y con esto hemos llegado al punto que nos interesaba. Ese algo del contenido del mensaje es lo que vuelve importante la relacionalidad humana. El hombre al relacionarse comunica, y al comunicar da de sí al otro, mejor dicho se da así mismo al otro.

Esto es lo que marcará una diferencia esencial con los animales. Dado que éstos entablan relaciones con su ambiente y con sus iguales pero seguramente éstas son de carácter más instintivo. Y aunque sin negar que allí exista la transmisión de algún mensaje, elemento importante en el proceso de comunicación, el animal no tendrá conciencia del mismo. Razón por la cual la relacionalidad humana va más allá del mero coincidir con el otro, es donación del yo al no-yo

Si esto es verdad, entonces podemos concluir que la relacionalidad humana es importante porque en ella el hombre busca ofrecer lo que él es, desea verterse a los demás, quiere compartir lo más profundo de su ser con quienes le rodean, porque sólo en esa acción extro-vertida el hombre puede descubrirse como persona. (En este dar de sí a los otros podemos encontrar  el principio creativo del hombre. Las ramas del arte no son más que expresiones de la intimidad de la persona. Es sorprendente como en una pieza musical el autor es capaz de transmitir tantas emociones. La paradoja resulta interesante: solo al darse al que no se es, el hombre recibe lo que es. A modo de paréntesis, quizá podemos comprender con esto el misterio kenótico: Jesús sólo al vaciarse, y no escatimar para sí lo que él era, Dios; es cuando se llena para ser plenamente lo que no era, humano (Filp. 2, 6-11). Jesús al vaciarse de su condición no perdió su divinidad, al contrario ganó total humanidad.

Cerrado el paréntesis, podemos preguntarnos entonces ¿De dónde que el ser humano posee esa habitud comunicativa en la que busca volcarse a los demás? Intentaremos darnos respuesta a esta cuestión en el siguiente punto.

a. Fundamento bíblico

i. La creación por la Palabra

Al principio de nuestras biblias nos encontramos con dos relatos, de tradiciones distintas, que nos narran el acto creador de Dios. El segundo de estos textos en orden literario pero primero en su escritura, Gen 2, 4b–24, pertenece al escritor Yavista que según los expertos pudo haber desarrollado su obra alrededor del año 920 a.C. en el periodo salomónico. De este relato nos encargaremos en la sección siguiente, por el momento baste decir que es un texto parabólico en el cual no existe la pretensión de demostrar el cómo del origen del cosmos y el hombre, más bien quiere llevarnos a la reflexión del señorío del hombre sobre las criaturas ( vv 7. 20 ) , su responsabilidad como co-creador (vv. 15) , y la importancia de la ayuda adecuada que se encuentra sólo en la compañía del otro semejante a él (vv. 20b-24).

Para el objetivo de esta sección nos importa el primero de los relatos, en su orden literario, pero el segundo en su composición, en orden cronológico. El texto del Gen 1, 1- 2, 4a perteneciente a la tradición Sacerdotal del año 540 a.C. nos explaya de manera poética la concepción judía sobre el origen del cosmos y las criaturas. Hacemos siempre la salvedad que este origen tampoco debe ser entendido como si el judío contara con los elementos científicos y tecnológicos para narrarnos a cabalidad los acontecimientos. Pensar de esta manera es caer en el antiguo juego de querer hacer decir a la Biblia lo que no dice. La pregunta por el origen es la pregunta de la humanidad entera, pero ésta debe ser respondida por aquellas disciplinas del saber que se dedican a esta búsqueda. La teología defenderá siempre que el dato revelatorio en el texto sagrado contendrá más la experiencia de la grandeza del hombre; la pregunta por el para qué de su existencia, su vocación y sentido más profundo. Esta es la dirección de las siguientes líneas.

Comencemos con un breve análisis del texto. Los primeros versículos nos cuentan cómo al principio lo que existía era el caos (vv 2), no la nada (Hay  que descartar cualquier búsqueda de materia prima que fundamente una interpretación ciencista) . El caos indica entonces que el mundo lo que necesitaba era un orden. Comienza entonces la acción organizadora que es expresada a través de los famosos “Dijo Dios...”, son las Palabras creadoras que darán orden al mundo, así como su cualidad “bondadosa”. El ritmo con el que se va desarrollando el poema tiene un carácter pedagógico asombroso que nos va llevando hasta el culmen de todas las criaturas: El hombre. De este ser se dice como de todos los demás que fue creado, pero a diferencia de todas las anteriores se dice que fue “creado a imagen y semejanza de Dios.” Al final se le es indicado el sentido de su lugar en el nuevo mundo “sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla”.

Tres elementos de reflexión nos sugiere este análisis:

a. Que el mundo necesita orden.
b. Que este orden se da a través de la Palabra que desembocará en algo bueno.
c. Que la Palabra va recreando los seres hasta llegar al hombre siendo éste más que criatura por ser imagen de su Creador.

En la cosmovisión semita el orden del mundo no posee una sustantividad propia sino que ésta sólo es posible en la medida que otro más grande se la oferta. Esta oferta se da a través de un acto comunicativo: en la medida que la Palabra se va pronunciando todo se va ordenando y va quedando impregnado de bondad. Dios, al comunicar para crear da de sí a los seres, les trasmite lo que Él es para hacerlos ser. En el caso del hombre que en un primer momento no posee diferencia con las otras criaturas, luego se afirma que fue creado a la imagen de su creador, es decir, que recibió de Dios su capacidad comunicativa-creativa. Por esta razón podemos afirmar que el hombre es co-creador.

La creación por la Palabra indica entonces que Dios dialoga: se da entonces ese acto de emisión-recepción que acotábamos en el punto anterior. Dios es total donación, la creación total apertura. También aparece el mensaje como elemento del esquema comunicativo. Y el contendido de este mensaje es: provocador de vida. Esto es lo que Dios transmite en su Palabra, por eso el escritor no duda en decir al final de cada día “y vio que era bueno”, ya que no hay nada más bueno que la vida que se le oferta al nuevo ser.

El hombre entonces, imagen que es, posee en sí mismo esta cualidad que lo hace grande frente a todos los demás seres: Se comunica, da de sí al otro, a su entorno, se vierte a lo que no es él, y debe trasmitir un mensaje con un contenido productor de vida hacia aquel a quien se dirige.
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