25 julio 2014

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Metodologías para enseñar y aprender.

1. La Metodología como camino.

Hablar de metodología no es otra cosa que pensar en un "camino a seguir". Por lo tanto, existe un punto de salida, etapas consecutivas y un punto de llegada. Pero, insistamos en la idea de camino, porque cuando recurrimos a la etimología de la palabra nos enteramos que metodología más que la abstracción de unas ideas preconcebidas manifestadas en una especie de plan estratégico, es la concreción de un rumbo que se desea recorrer; un fin que se quiere alcanzar; una meta que lograr. De ahí que las dos palabras griegas que componen nuestra palabra latina, sean muy iluminadoras: Meta (lo deseado)- odos (camino): Metodología: "el camino a seguir".

En educación siempre se habla de metodología, y sobre todo en estos tiempos, cuando se dice que existen y que urgen nuevas metodologías para la enseñanza y el aprendizaje. Sin embargo, sea lo que sea, que quiera expresarse con esto, no nos queda ninguna duda, que estamos hablando de un recorrido, planteando por el docente, transitado por el estudiante, y en el cual se aprende algo. 

Hasta acá, parece que no hemos dicho nada nuevo. Pero, seguir la idea de metodología como camino, plantea una crítica a la forma de educar que se ha impuesto a lo largo de los años: esa donde el docente habla y el estudiante escucha. No puede existir nada más estacionario y pasivo que esto. Por lo tanto, va en contra de cualquier formulación de metodología entendida como algo dinámico y que requiere movimiento. En lo tradicional pareciera que el docente conoce el camino, y se limita a dar las indicaciones a su aprendiz para que lo recorra (solo), y que al final dé cuentas de cómo le fue por ese tránsito, esperando que el estudiante haya visto (aprendido) lo mismo que vio su maestro. Mientras que desde un punto de vista  activo, el docente no solo conoce el camino, sino que lo vuelve a recorrer junto con su estudiante.

2. Un mismo camino, dos caminantes.

Comencemos haciendo una distinción necesaria. Aunque se usen de manera intercambiable -nosotros por lo menos en esta reflexión- al hablar de itinerario y proceso los trataremos no como semánticamente iguales, sino como pedagógicamente complementarios.

Por Itinerario vamos a comprender toda la planificación propuesta por el docente. Los objetivos, las actividades, lo momentos pedagógicos, la evaluación, etc. Es decir, son los puntos de interés que para el docente son importantes durante el recorrido metodológico.  

Mientras que por Proceso, comprenderemos el recorrido que hace el alumno. Teniendo en sus cuenta expectativas, intereses, énfasis, etc... que seguramente no coincidirán con lo deseado por su profesor. 

Es acá donde nos damos cuenta que durante nuestro camino (metodología), habrán dos caminantes, no solo uno como en la forma tradicional: el alumno, que intenta seguir el mapa que se le ha dado; sino dos, el alumno y el docente. Cada uno con un rol específico y propio, pero caminando juntos. El docente proponiendo, indicando, sugiriendo;  pero dejando a su estudiante detenerse y contemplar aquello que más llame se atención.  El docente se convierte entonces en "un compañero de camino".

3. La pedagogía como acompañamiento.

Hasta este momento, no hemos sino regresado a lo más puro de la comprensión de educación. Por lo menos según nos lo cuenta la tracción occidental. Acá haremos otra necesaria distinción. 

Hay muchas formas, que se utilizan como sinónimas para referirnos al profesional de la educación: Profesor, docente, educador, maestro, pedagogo... cada expresión tiene sus historia y su porqué, y aunque como hemos mencionado en la actualidad son intercambiables, en la antigüedad no lo eran. Solo nos ocuparemos de dos de ellas, porque son las que nos sirven en nuestra reflexión actual: 

Los griegos, cuando se referían al sujeto encargado impartir las clases a los pequeños le llamaban: Didaskalos. Es decir: "el que enseña". Puede notarse como de esta expresión viene nuestra palabra moderna:  didáctica (didaskein), que no es más que "el arte de enseñar"

Pero los mismos griegos, tenían a otro sujeto al que le encomendaban la tarea de "llevar"a los pequeños donde el didaskalos. A ése le llamaban: Pedagogo. Y a este pedagogo le correspondía: llegar donde se encontraba el niño, tomarlo de la mano, salir al camino y acompañarle a su lugar de aprendizaje. De allí su nombre: Paidos (niño) - gogos (acompañar). 

Por lo tanto, la primigenia expresión de pedagogía no tiene que ver con "la ciencia que tiene por objeto la educación en sí misma como fin último",  sino con la experiencia de un adulto, que conoce el camino y acompaña a su estudiante, llevándolo ahí donde él puede aprender. Es el mismo camino, recorrido por los dos.

No quiero decir que la todas las reflexiones pedagógicas no tengan validez alguna; a lo que apunto es que una verdadera pedagogía (por muy elevada y muy bien estructurada que sea, teóricamente hablando) es aquella que se toma enserio el acompañar procesos de crecimiento. 

4. Caraterísticas de una pedagogía como metodología del acompañamiento. 

Es una realidad que el conocimiento ya no es propiedad de nadie en singular, ni está depositado en un persona concreta, como solía pasar en antaño donde el profesor era respetado por el grado de sapiencia que tenia frente a la comunidad.  Con la aparición de internet, el auge de los buscadores y evolución a la web 2.0, la información deja de contenerse en "recipientes" físicos (libros) y en sujetos específicos (profesores), para albergarse  en un "sitio" etéreo  llamado: la nube, a la cual tenemos acceso desde cualquier parte que nos encontremos, si contamos con un dispositivo capaz de conectarse a ella. De esta forma, el estudiante moderno (por lo general un nativo digital), ya no precisa de una persona que le brinde la información que necesita, accede a ella cuando quiere. Es mas, es capaz de crear su propia información. 

Esto que parece tan obvio, no lo es para muchos docentes que frente al cambio cultural se resisten  y  luchan contra un grupo de estudiantes que han cambiando su forma de aprender y de enfrentarse al conocimiento. 

El nuevo didaskalo se llama: medios de comunicación social. En ellos nuestros estudiantes encuentran toda la información que requieren y cuando quieren. Pero bien sabemos que la información que estos medios proporcionan  no necesariamente es fiable. Es acá donde entra en escena el pedagogo. Este ya no es el depositario único del conocimiento, pero conoce el camino para llegar a él y discriminar  lo importante y verdadero de lo que no.  

El rol del docente, por lo tanto, ha cambiado: es un compañero de camino, un acompañante de procesos; ya no es el que posee al información, sino el que ayuda a cómo tratarla. Y para que su labor sea la deseada debe considerar al menos tres elementos cuando trace su metodología:

  1. Siempre partir de la experiencia concreta de sus estudiantes. Ellos llegan al salón de clases con una cantidad increíble de presaberes; no son ajenos al mundo en el que viven, obviar esto solo hará que vean una especie de película de ciencia ficción en la escuela. 
  2. Todo el camino debe ser participativo. Los estudiantes son los responsables de su propio proceso de crecimiento y aprendizaje; por lo tanto, deben tener más responsabilidad en el mismo. Y esto solo se logra, si el docente es capaz de crear ambientes o situaciones donde se pueda aprender y corroborar que lo aprendido es aplicable a la vida diaria; situaciones donde ellos como estudiantes se sienten involucrados y tomados en cuenta.
  3. No se enseña ni se aprende en el aire, todo aprendizaje se da en un contexto determinado. Razón por la cual, el docente-acompañante sabe con quién está; no solo conoce el camino, también conoce a su acompañado, y sabe qué es aquello que mejor bien le hará según su realidad.

5. La piedra angular del proceso.

Dos cosas faltan para terminar estas reflexiones. Estas ya las he tratado en otra parte de este blog. Así  que solo haré referencias a ellas y dejo los enlaces para aquellos que quieran seguir leyendo.

Por un lado, ningún itinerario educativo está completo si no considera la evaluación como piedra angular. Dejando de lado la falsa idea de evaluación como calificación, y entenderla como el momento de madurez en el que se le devuelve la palabra al estudiante; donde él, mediante un proceso de verificación sobre lo que ha conseguido, cómo lo ha conseguido, y para qué lo ha querido conseguir, toma decisiones serias y comprometidas que repercutirán en su vida. Por lo que evaluar no es más que volver a la vida.
Y lo último, tampoco estas reflexiones estarían completas si fueran simplemente pensamientos idealistas y no estuvieran validados por la experiencia. Por lo mismo, en el enlace anterior, no solo hablo sobre la evaluación, sino que además comparto la experiencia tenida con chicos y chicas con lo cuales hicimos camino juntos, y demuestran que es posible lo que cantaba el poeta:

Caminante son tu huellas el camino, y nada más.
Al andar se hace camino y al mirar atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

Saludos! 
  

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