04 enero 2011

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Educar es un Arte

Los latinos tradujeron por "arte" aquello que los antiguos griegos denominaban como tekné. Para éstos la tekné no se reducía al mero hacer algo, ni los teknicós eran los que simplemente hacían cosas. La tekné era un modo de saber, es decir es un "saber hacer" y el acento de este binomio se encuentra en el saber de eso que se hace. De este modo el ejecutor de la acción no es un mero artesano sino un sabio. Dicho los anterior podemos comprender, entonces, que esto del Arte.

La educación, vocablo latino que significa literalmente: extraer de adentro, tiene como objetivo la extracción de lo mejor que el alumno posee, hacerle darse cuenta de sus potencialidades y logre así desarrollarlas. Pues esto que es tan fácil de escribir en un par de líneas no es tan sencillo en su práctica, razón por la cual la educación es un arte, y los educadores verdaderos artistas.

Pero la educación como arte tiene ciertas características, no acabadas ni únicas, que en mi experiencia he descubierto. Permítaseme anotarlas y compartirlas:

1. Como todo arte la educación requiere práctica y disciplina. Esto significa que los espacios educativos creados por el docente para favorecer el desarrollo de los alumnos se van perfeccionando conforme se van poniendo en práctica. Y el mejoramiento de estos espacios se consigue mediante el docente comprende que lo que hace es perfectible en la medida los ejercita.

2. Como en todo arte no existe en educación una única forma de hacer las cosas, sino que es la creatividad del artista la medida.

3. También es importante recordar que el arte como modo de saber implica que el artista sepa con certeza de aquello de lo que habla. Además de saberlo explicar de múltiples formas según las necesidades de sus aprendices.

4. Y para terminar, la educación como modo de saber no puede ser comprendida solamente como una labor intelectual donde el acento es la razón. Sin desmentir lo anterior, he de agregar que la educación como sabiduría es un saborear aquello que se comparte. El educador debe amar lo que sabe hacer, amarlo de tal forma que pueda notarse el gusto que siente por lo que hace, gustarlo tanto hasta el punto que sus alumnos gusten aquello de lo que el maestro gusta. De esta forma la educación deja de ser sólo atención a la racionalidad y pasa a ser una labor del corazón. Una labor de enamoramiento. Entonces educar se convierte en el encuentro de dos corazones.

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